La hipertensión arterial —esa elevación persistente de la presión con la que la sangre empuja contra las paredes de las arterias— es una de las causas más importantes de infartos, ictus y otras enfermedades cardiovasculares. A menudo no da síntomas, por lo que se la llama "el asesino silencioso".
Aunque hay tratamientos eficaces, en Europa millones de personas no alcanzan objetivos de presión arterial óptimos, lo que mantiene un riesgo elevado de complicaciones.
¿Qué es la presión arterial?
La presión arterial es la fuerza que ejerce la sangre contra las paredes de las arterias a medida que el corazón la bombea. Se expresa en dos cifras:
- •Sistólica (el número mayor): presión cuando el corazón se contrae.
- •Diastólica (el número menor): presión cuando el corazón descansa entre latidos.
Una lectura alta significa que el corazón y los vasos están sometidos a mayor carga de trabajo, con el tiempo favoreciendo daño en órganos vitales como el corazón, el cerebro y los riñones.
¿A partir de cuándo se considera hipertensión?
Además, las guías introducen la categoría de "presión arterial elevada":
120–139 mmHg de sistólica y/o 70–89 mmHg de diastólica.
Objetivos de presión arterial según evidencia europea
Reducir por debajo de 140/90 mmHg para todos los adultos.
Objetivo ideal de 130/80 mmHg o menos si se tolera bien.
Nota Médica
Este artículo utiliza términos y objetivos basados en las guías 2024 de la ESC/ESH. La decisión de tratamiento debe individualizarse con su médico.

Dra. Marta Pérez
Cardióloga Clínica
Colegiada: 36/0863249
Especialista en cardiología clínica y prevención cardiovascular. Comprometida con una medicina de rigor científico y trato humano.
Aviso Médico
La información contenida en este artículo tiene fines exclusivamente informativos y educativos. No sustituye en ningún caso el consejo, diagnóstico o tratamiento médico profesional. Si tienes dudas sobre tu salud, consulta siempre con un especialista.
